Una de las primeras
cosas que conviene aprender es que las piezas tienen un doble valor. Por un lado
existe un valor estático e inmutable que establece que, por ejemplo, la dama es
más poderosa que un peón, pero también existe un valor dinámico, válido
solamente para determinados momentos de la partida, que trastoca los valores
anteriormente mencionados. Solo así es posible comprender que en determinadas
situaciones pueda llegar a valer más el modesto peón que la poderosa dama.
Como estos últimos valores son excepcionales, y mas dificiles de comprender,
nos limitamos de momento a tener en cuenta su existencia.
El valor
estático de las piezas
Aunque
como hemos dicho, el valor de las piezas puede verse modificado por una situación
dada, en general y prescindiendo de otros factores suele darse una escala de
valoración material para cada pieza, aplicable en la mayoría de los casos.
Tomando como unidad el valor de la pieza más débil, el peón, el valor de las
restantes piezas es el siguiente: Peón = 1 Caballo = 3 Alfil = 3 Torre = 4,5
Dama = 9 La valoración del rey es naturalmente intranscendente, ya que no es
posible cambiar esta pieza por ninguna. De cualquier modo su fuerza teórica se
situaría entre la torre y el alfil o caballo. Esta escala de valores es muy útil
para el principiante pues sirve de valoración a la hora de juzgar la
conveniencia de algún cambio. La ventaja en estos valores recibe el nombre genérico
de ventaja de material.
El valor dinámico
Los valores
mencionados de las piezas pueden variar en una posición dada. Es evidente que
un bando puede tener desventaja material, pero a cambio disponer de un ataque
que le permita ganar la partida. Hablamos aquí de una compensación por el
material, unas ventajas que pueden superar el simple valor material establecido
estáticamente, y producir una valoración distinta de las piezas. Un simple
ejemplo ilustrará esto:

En la presente
posición las blancas pueden coronar su peón, y si solamente tuviésemos en
cuenta el valor material, les convendría transformar su peón en dama, la pieza
más poderosa. Pero tras 1.f7=D las negras pueden jugar 1...Dc6+ dando jaque y
tomando la torre a la jugada siguiente. En tal caso quedarían sobre el tablero
rey y dama por bando lo que, jugando correctamente, debe conducir a
tablas.
Sin embargo, si en
lugar de transformar el peón en dama, las blancas coronan un caballo, a pesar
del menor valor material del caballo respecto a la dama, las blancas dan jaque
al rey negro, obligan a éste a moverse, toman a continuación la dama negra con
el caballo y la situación final deja a las blancas con una torre y un caballo
de ventaja, lo que les garantiza el triunfo. En esta situación concreta, un
caballo ha resultado más fuerte que la dama, y aunque estas situaciones tan
extremas son excepcionales, no hay que perder de vista estas posibilidades, pues
es bastante frecuente la presencia de factores que, aunque no de modo tan
radical, si suelen variar ligeramente los valores dados a las piezas de modo
estático.
Debe tenerse en
cuenta que dicha valoración dinámica es algo que depende de factores que
solamente se presentan durante un breve lapso en la partida, generalmente muy
pocas jugadas, por lo que conviene saber reconocer estos factores cuando se
presenten.
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